Eran tiempos en los que el 50% no había muerto y el otro 50 estaba por nacer.
Eran los tiempos de amor y fantasía en los que vivimos y no supimos advertir,
un café y un cigarro eran el mejor desayuno,
y los besos de la mañana guardaban el sabor al champagne de anoche.
Un vino derramado en la nueva camisa blanca
no era más que un nuevo reto para las amas de casa,
y una manera para los hombres de ocultar el lápiz labial de la secretaria.
Las cometas de colores siempre eran más grandes en el cielo
y si observabas bien, podías ver como jugaban con las nubes,
marcaban los límites de lo que podíamos alcanzar,
y por lo que teníamos que luchar un poco más.
Eran tiempos en los que no se miraba más allá del horizonte,
porque no existía,
todos conocían el significado de la palabra inverosímil
y Robotina era la niñera preferida.
Se cambiaban vestidos por pantalones,
y ser mujer ya no llevaba a la cocina.
El Principito era más que un libro para niños
y dejar de vivir en la espera provocó la Tercera Guerra Mundial
No habían personas buenas o malas,
solo malas con capacidad de disimular,
Francia era la capital del mundo
y la Torre Eiffel capaz de alcanzar la frontera.
El cielo dejó de ser el límite para ser lo que estaba después del suelo,
y caminar en la luna no era tan imposible,
los carros voladores y vivir bajo el agua pasaron a ser el sueño del futuro,
un tanque de guerra se convirtió en el panorama mundial
y nadie conoce el verdadero significado de la subjetividad.
Unos pocos saben capturar el momento,
las estrellas son gases y los gases nos llenaron el cuerpo,
no precisamente de sueños.
Leer un libro pasó a ser solo de intelectuales
y todos debemos mantener un punto objetivo de la muerte,
de la vida ni hablemos,
que eso es tabú en la sociedad,
si hablas de vida mueres
si creas muerte,
talvez consigas una oportunidad para sobrevivir.
Ahora un 50% está muerto, y el otro 50 espera morir.