todos miran mientras viven,
nadie advierte las grietas inertes
nadie escucha el corazón latente.
Una vez hace unos años
llegó un bote muy extraño,
amenazó con llevarse todo
lo tuyo, lo nuestro, lo que es mio.
Fue incapaz de dar piedad,
nada dejó para mirar atrás,
nada con que volver a empezar,
nada con que dar fin a la finalidad.
Nos quedamos en desierto,
en agua, mar y cielo,
sol en agua y luna en cuerpo,
estrellas que brillan sin dar destello.
Ya nadie duerme pues no hay sueños que soñar,
el único deseo es el de volar,
nadie piensa en nada mas que recuperar,
lo que aquel barco no tuvo la piedad de dejar.
Ayer partí al mar,
con la esperanza de naufragar,
velas rotas fue lo que llevé,
solo una estrella fue lo que dejé.
Hoy llegué a un puerto descalzo,
no había nadie, solo un pequeño barco,
las velas azules reconocí de inmediato,
aquel era el barco que llegó para ser odiado.
Quise encontrar lo que pertenecía al mar,
lo que se llevó y nunca regresó,
en el barco no había nada,
solo un piso de madera y una batalla desolada.
Era un barco tan pequeño,
incapaz de llevar todo lo que nos quitó,
solo albergaba la excusa,
de porqué el sol se apagó.
