jueves, 22 de noviembre de 2012

Celda de invierno

La lluvia rozaba los vidrios abierto de mi ventana y las persianas de mi habitación parecían no contener el viento, allá, afuera, lejos de mi, lejos de aquí. Me acerque para hacer el intento de cerrarlas y quedar envuelta en el calor que me envolvía debajo de las sabanas, pero no pude, la nieve que caía suave y delicada me hacia sentir en casa, era como si el hielo y el frío desgarrador me dieran calor y conformidad, decidí cerrarlas para no lidiar con la enfermedad que terminaría apoderandose de mis ganas de salir un rato. Intentaba recordar el verano mientras mis brazos sentía la brisa que se escurría por cada endija de mi celda, intentaba recordar tus brazos y el calor del sofá donde solíamos dormir siestas cada tarde, intentaba recordar lo que había allá afuera, lo que me esperaba, pero la condena a muerte ya rozaba la esquina y no pensaba esperar a que terminara de recordar. Me quedé allí, sintiendo la nieve sobre mis dedos  y las persianas que se movían a mis espaldas, decidí dejar que el frío entrara por los poros de mi piel, decidí ser débil y dejar de respirar.