miércoles, 12 de enero de 2011

Huele a galletas recien horneadas.

No hay nada como un amor recien salido del horno, un amor que huele a galletas con chispas de chocolates.
Nada se compara con esas primeras miradas de amor, esas que son inconcientes, esas que el no nota y ella no ve, esas que solo pueden observadas por una "escritora" adolescente y fanatica del amor, alguien como yo.
Esas caricias en los pasillos que nadie nunca ve, que nadie nota, excepto yo (que los sigo a todas partes, por el simple hecho que ellos me contagian amor) y sus corazones, esos corazones latiendo a maxima velocidad, y esos latidos que aumentan con cada palabra, con cada centimetro menos de distancia entre los labios de dos adolescentes casi enamorados, two teenagers falling in love, the way I see it.
Sonrisas que no se programan, mejillas que son discretamente mas rosadas, miradas mas brillantes, y latidos, que incluso yo, que solo observo silenciosamente sentada en la mitad el pasillo del colegio, puedo escuchar.
El no quita los brazos de su cintura, y ella no se atreveria a alejar la cabeza de su pecho, yo no les quito los ojos de encima. El se siente amado, ella proteguida, yo me siento como una intrusa.
Yo escucho los latidos cada vez mas fuertes y me imagino, que de haber estado mas cerca de ellos, los latidos me hubieran impedido escirbir esto. Ellos al mismo tiempo sienten las respiraciones mas de cerca, unos labios toncan los otros, una mano toca la otra, un corazon toca al otro, y de repento yo, me veo atrapada en una pelicula de amor, donde ellos no actuan, ellos viven, y yo soy una simple espectadora.

Me despido, ya me llego el olor a galletas recien horneadas.
Claudia Crinigan.


PD: Aunqe no lo crean, esta es mi primera entrada, 100% basada en hechos reales.

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